“Sombras furtivas”, el PluralEnsemble en el ciclo BBVA. Crítica de Asier Vallejo.

En Cámara/Miscelánea Por
El compositor Luciano Berio. Foto: Erich Auerbach
Luciano Berio, compositor. Foto: Erich Auerbach

 

Deia: Sombras furtivas

Asier Vallejo Ugarte /

 

Bilbao, 16/02/2016. VI Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea Fundación BBVA-Bilbao. PluralEnsemble. Fabian Panisello, director. Obras de Salvatore Sciarrino, Luciano Berio, Franco Donatoni.

 

Volvía el espléndido Ensemble al Ciclo de Música Contemporánea de la Fundación BBVA con un programa – uno de los más clásicos de la temporada- integrado por obras de tres compositores en los que se podría resumir, en buena medida, el significado lo de la música italiana desde los difíciles años de la posguerra hasta nuestros días. Como la mayor parte de los movimientos totalitarios del siglo XX, el fascismo italiano entendía la cultura musical como un instrumento de propaganda al servicio de sus intereses políticos, aunque había múltiples indicadores, entre ellos la incapacidad de cubrir el espacio dejado por Puccini a su muerte, que evidenciaban la ausencia de una política musical real. Con todo, dentro de esa atmósfera profundamente provinciana hubo movimientos por parte de una serie de compositores para impulsar una renovación que tendría continuidad, tras la II Guerra Mundial, en la llegada de músicos jóvenes como Luciano Berio, Franco Donatoni, Bruno Maderna o Luigi Nono, en quienes al interés por las nuevas vanguardias europeas se sumaba la motivación de superar definitivamente la mediocridad de la cultura oficial que habían encontrado en sus inicios. Ante ellos se abrían horizontes amplísimos mucho más allá de las fronteras italianas.

Por eso es complicado referirse a Berio, Donatoni y – más tarde- Sciarrino como tejedores de una escuela realmente nacional, más aún cuando hablamos de música instrumental, como es el caso de las obras que el martes interpretó el PluralEnsemble. La Sequenza I de Berio (1958), una de las primeras piezas escritas en Italia en acercarse a las prácticas aleatorias, juega con las posibilidades técnicas y tímbricas de la flauta con el deseo de encontrar ocultas y secretas polifonías, como hiciera Bach en sus partitas de violín y sus suites para cello. Más lineal y melódica, aun con puntos de referencia igualmente sólidos, es la Sequenza IXc (1980-1997) para clarinete bajo. Donatoni no ha dejado fuera de Italia una huella tan profunda como la de Berio, pero su figura no es menos poliédrica, abarcando durante cinco décadas de carrera una gran variedad de estilos, lenguajes e influencias. Ronda (1984) y Spice (1991) son muestras de su distanciamiento de los extremos cultivados en la etapa post-weberiana y de su acercamiento a un estilo más tradicional que, sin perder la perspectiva de su época, alberga evocaciones clásicas. Finalmente, en Sciarrino – el único vivo de los tres- la música del pasado adquiere connotaciones aún más consistentes en línea con el descubrimiento de una nueva dimensión teatral, por la que tanto Centauro marino (1984) como el Trío para violín, violonchelo y piano (1975) y, muy especialmente, Lo spazio inverso (1985) complementan la invocación de sombras furtivas con el anhelo de una expresividad íntima y oscura, gestada en los límites del silencio.

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