ABAO: un siglo de ópera en cinco títulos, 3. El tiempo de escuchar
JUAN CARLOS MURILLO
El tiempo de escuchar
Hay todavía otro hilo, quizá menos visible. Tiene que ver no con aquello que las óperas cuentan, sino con lo que nos piden para escucharlas.
Tiempo.
Sentarse ante una ópera significa aceptar durante varias horas el ritmo que la obra impone, detener otras cosas y prestar atención. Si además queremos prepararla, leer el libreto, escucharla previamente o volver después sobre algunos pasajes, ese tiempo comienza mucho antes de que se levante el telón.
No es tan diferente de abrir una buena novela y aceptar que durante unas horas —o unos días— sea ella quien marque el paso.
En un presente que tiende a fragmentar nuestra atención, quizá haya algo especialmente valioso en ese gesto antiguo de parar, concentrarse y escuchar. Y no como obligación intelectual. También la atención forma parte del placer.
Una temporada de ópera no son solamente cinco noches. Desde octubre hasta mayo tendremos tiempo para escuchar, comparar, recordar, cambiar de opinión y volver a escuchar.
También de eso trata el viaje.
Reencuentros y descubrimientos
Los repartos de la temporada parecen construidos en buena medida desde la confianza. Abundan intérpretes y directores conocidos por ABAO, aunque sería aventurado atribuir desde fuera una intención concreta a una programación en la que necesariamente intervienen agendas, disponibilidad y muchas otras circunstancias.
Nos interesa, en cualquier caso, más la idoneidad que el prestigio. Una reseña de prensa tiene, entre otras, la comprensible función de presentarnos una temporada atractiva; será después cada función la que permita comprobar qué ocurre cuando una voz concreta se encuentra con un personaje, una dirección musical y una determinada propuesta escénica.
Nada está garantizado. Afortunadamente.
La ópera sucede esa noche, con esas voces, esa orquesta, ese director, esa producción y ese público. Precisamente por eso volvemos.
Y también volvemos para descubrir. Fuera de los cinco títulos de abono tendremos una ocasión particularmente atractiva en abril. Asmik Grigorian, distinguida como Mejor Cantante Femenina en los International Opera Awards de 2025, debutará en ABAO con Ocho velos. Para quienes no hemos tenido todavía ocasión de escucharla en directo añade un evidente componente de expectación ante una cantante que ha alcanzado un importante reconocimiento internacional.
El recital recorrerá ocho heroínas muy diferentes y nos ofrecerá, casi como contrapunto de toda la temporada, otras tantas maneras de enfrentarse a la voz y al personaje.
¿Qué pinta todo esto aquí?
ABAO llega a su 75.ª temporada. Una cifra así invita a mirar hacia atrás, pero quizá resulte todavía más interesante aprovecharla para mirar hacia delante.
A los cinco títulos se suman ABAO Txiki, recitales, actividades divulgativas y formativas y otras iniciativas que amplían el ámbito de actuación de la Asociación. Habrá tiempo para preguntarnos también hacia dónde quiere caminar ABAO después de setenta y cinco temporadas.
De momento tenemos un viaje por delante.
Y aquella pregunta que vuelve cada vez que nos sentamos ante una obra escrita hace cien o doscientos años: ¿qué pintan La traviata, Il barbiere di Siviglia, Die Walküre, Roberto Devereux o Manon Lescaut en Bilbao, en 2026 y 2027?
Quizá después de todo lo anterior la respuesta empiece a aparecer sola.
Estas obras siguen preguntándose quién puede ser libre y qué precio debe pagar por intentarlo; cómo convivimos con las normas que nosotros mismos construimos; qué hacemos con el deseo, el amor, el dinero y el poder; quién puede decidir sobre su propia vida. No tienen preparadas respuestas para nuestro tiempo. Siguen formulando, en cambio, muchos de los interrogantes sociales e individuales que todavía lo habitan.
Y nos piden algo más, cada vez menos frecuente: que les demos tiempo y escuchemos.
Si nada de todo aquello siguiera importándonos, difícilmente continuaríamos empeñándonos, siglo y medio después, en volver al teatro.
ABAO ha dispuesto cinco grandes óperas juntas.
Subamos al viaje y veamos qué ocurre.









