Deia: “El piano y sus luces”

Asier Vallejo Ugarte

Edificio San Nicolás del BBVA. 4-XI-2014. Judith Jáuregui, piano. “Aura”. Obras de Liszt, Debussy y Mompou.

 

Debió de ser en 2008 (quizás antes) la primera vez que Judith Jáuregui tocó en Musika-Música, un festival que sabe cuidar a los artistas que lo merecen y le son fieles. Por eso ha vuelto con frecuencia a Bilbao y ha ido creciendo ante un público que también ha podido escuchar estos últimos años a pianistas de la altura de Achúcarro, Argerich, Brendel, Kocsis, Pires, Sokolov, Uchida o Zimerman, es decir, ante un público con una cultura pianística de cierta solidez. Jáuregui ha sido siempre bien recibida y eso no se gana a base de imagen, que la tiene y bien que lo sabe, sino por la vía de no perder en frescura lo que va ganando en madurez y en dominio de sus recursos.

El martes presentaba en la sede del BBVA en San Nicolás su tercer disco, Aura, que grabó en la Beethoven Saal de Hannover, donde un día grabaron leyendas del piano como Wilhelm Kempff o Monique Haas. El primero de sus discos estuvo dedicado a Schumann y con el segundo (Albéniz, Falla, Granados) quiso homenajear a la gran señora del pianismo español que fue Alicia de Larrocha. El eje vertebrador de este tercer álbum es el impresionismo musical, un estilo desarrollado en Francia a inicios del XX en el que las formas tradicionales se difuminan en la búsqueda de texturas etéreas, armonías flotantes y colores extremadamente refinados. Les jeux d´eau à la villa d´Este (1877) de Liszt constituyen una fuente de luz y gran virtuosismo que sí puede dirigir su mirada al impresionismo, pero los lazos de sus Consolaciones (1850) con el nuevo estilo son mucho más débiles. Más bien hablan de una sensibilidad romántica plenamente asimilada por la donostiarra.

Las Estampes (1903), con su fantasía poética, sus juegos de colores y resonancias exóticas, ocupan un espacio de centralidad en la música de Debussy e impulsaron calor al resto de las obras del programa, tanto a la exuberante L´isle joyeuse (1904) del francés como a las piezas de Mompou, Impressions íntimes y Scènes d´enfants, expresiones sentidas y profundas de una forma radicalmente austera de entender la composición musical. Jáuregui ama estas partituras y es en ellas donde demuestra a luz clara que el sonido vive de verdad cuando se da valor al silencio.