Filarmónica: crítica de Asier Vallejo al concierto de Jorge Luis Prats

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Jorge Luis Prats Foto: http://www.kajimotomusic.com/en/artists/k=105/
Jorge Luis Prats
Foto: http://www.kajimotomusic.com/en/artists/k=105/
DEIA: Entre el piano y el alma

Asier Vallejo Ugarte

Sociedad Filarmónica de Bilbao. 4-IV-2014. Jorge Luis Prats, piano. Obras de Villa-Lobos, Granados, Albéniz, Guerrero, Fariñas, Cervantes y Lecuona.

Muy poca gente en nuestro entorno conocía al pianista cubano Jorge Luis Prats cuando en 2008 se presentó, con cincuenta y dos años, en la gran sala del Concertgebouw de Amsterdam. El éxito fue tal que su carrera se relanzó de manera fulminante y en poco tiempo comenzó a llamar la atención de las más importantes publicaciones musicales europeas. Todas ellas se preguntaban dónde había estado oculto ese talento durante tanto tiempo. Los grandes focos sorprendían a Prats en plena madurez. Paul Moseley, director general de Decca, decidió llevar al disco el recital que ofreció en Zaragoza en marzo de 2011, y unos meses después la revista Scherzo presentaba al pianista en su portada como “El secreto mejor guardado”. La fecha de su concierto en la Filarmónica llevaba meses marcada a todo fuego.

Prats es la antítesis del divo moderno: llano, cortés y espontáneo, es un hombre corriente que gana en las distancias cortas. No será nunca una figura mediática, pero sí es un pianista descomunal, de eso no quiso dejar ni una sola duda. Sonido poderoso, técnica suprema, personalidad musical abrasadora y volcánica. Precedida de una profunda Bachiana brasileira n° 4, su interpretación de la suite Goyescas de Granados (sin epílogo, pues tras la muerte “creo que no hay más que decir”) estuvo plagada de sombras, sentida desde el alma, dotada de verdad. Para la historia de la Filarmónica. En Jerez, de la Iberia de Albéniz, hubo intensidad y mucho fuego, puede que demasiado, ya que hasta los iberistas más raciales -como Esteban Sánchez- supieron ver que en esta pieza reinan la elegancia y la nostalgia. Lavapiés, hervidero de fuertes disonancias, fue en los dedos de Prats una auténtica apoteosis de la danza callejera.

Quedaron para el final las obras cubanas, música de Guerrero, de Fariñas, de Cervantes, de Lecuona, melodías hispanas entrelazadas con ritmos de raíces africanas. Son piezas que no se escuchan casi nunca, pues hay que quererlas, amarlas y tocarlas con sangre caliente. Hubo dos propinas, Wagner/Liszt y otra vez Lecuona, dos mundos lejanos separados por un enorme abismo estético. Era verdad, Prats es un fuera de serie. Un nuevo triunfo, uno más, de un pianista que se va situando al lado de los grandes de hoy y de siempre.

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