Cantus Cölln en la Filarmónica: un comentario de Asier Vallejo Ugarte

En Críticas Por
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Konrad Junghänel, director de Cantus Cölln.
Fotografía: Wolf Nolting

 

Deia: Bach y el minimalismo

Asier Vallejo Ugarte

Sociedad Filarmónica de Bilbao. 22-I-2014. Cantus Cölln. Director: Konrad Junghänel. Bach, Misa en si menor. 

Pocas obras en la historia sintetizan de forma tan admirable el conocimiento musical de una época como la Misa en si menor de Bach. Auténtica summa artis, escrita en diferentes etapas de su vida, constituye uno de los grandes pilares del legado que el músico entrega a las generaciones posteriores. Su incierta confesionalidad y sus desmesuradas dimensiones para la liturgia hacen inviable la idea de estrenar la obra en vida, pero el compositor confía en que su enunciado teológico universal pueda llegar más allá de su tiempo.

La música de Bach no cae en el olvido cuando muere en 1750. Los entendidos la estudian, la valoran y la admiran. Otra cosa es que no sea popular, y por eso suele decirse que Mendelssohn la redescubre cuando en 1829 interpreta para el público la Pasión según san Mateo. Es en ese momento cuando los románticos comienzan a apoderarse de Bach y a hacer de él uno de los suyos. Coros masivos, orquestas descomunales y voces enormes exterminan el estilo barroco y olvidan las condiciones reales en que las obras fueron compuestas. Stravinsky alerta a mediados del XX de que “la multiplicación de los efectivos no puede producir sino efectos desastrosos”, pero todavía entonces tenemos a Furtwängler defendiendo que Bach es el más grande de los románticos.

La llegada de Harnoncourt en los cincuenta cambia por completo el panorama, pues trata de devolver a la música su verdadera esencia. Su grabación de la Misa en si menor en 1968 rompe radicalmente con la tradición al aclarar las texturas, encontrar nuevos equilibrios, recuperar un estilo más coherente con el tiempo en que la obra fue escrita y apostar por los instrumentos de época. Se empieza a entender que Bach cobra sentido cuando habla desde el siglo XVIII. Pero en la búsqueda de una extrema depuración estilística y sonora aún aparecen nuevas vías, especialmente cuando directores como Johua Rifkin o Andrew Parrott ven claro que el compositor contaba con grupos de solistas y reducen de forma drástica el conjunto vocal, dejando los coros con una sola voz por parte. Ese minimalismo aún sorprende y no siempre convence, pero no muere, no es simplemente una moda.

El alemán Konrad Junghänel, alma, corazón y vida de Cantus Cölln, es uno de los grandes minimalistas del presente. En la Filarmónica, con diez voces y una veintena de estupendos instrumentistas, tomó distancias con la Misa, que puede llegar a emocionar hasta los huesos, y no siempre sus cantantes estuvieron a la altura de las arias (diminuta Elisabeth Popien en el Agnus Dei), pero dio con el sonido ideal y mostró con claridad la importancia que en esta música tienen el estilo y la transparencia. No la cantidad, ya lo decía Stravinsky. Lástima que no llegase a conocer estas maravillas.

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