Sociedad Filarmónica: crítica a los conciertos de Isabelle Faust

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Deia: La Biblia del violín

Asier Vallejo Ugarte

Sociedad Filarmónica de Bilbao. 09/10-I-2014. Isabelle Faust, violín. Bach: Sonatas y Partitas para violín solo. 

Durante mucho tiempo hubo cierta incomprensión en torno a las Sonatas y partitas para violín solo (1720) de Bach. Sorprendían, todavía bien entrado el siglo XIX, las aspiraciones polifónicas de estas piezas, insólitas en un instrumento en principio melódico. Incluso se llegaba a dudar que estuvieran realmente escritas para un único violín. Pero el manuscrito es claro: “Sei solo a violino senza basso accompagnato”. Una vez más, los estudios de Bach en los ámbitos del lenguaje musical y la técnica instrumental se habían adelantado a su tiempo. Es por ello que estas seis obras tardaron en desprenderse completamente del aroma de los tratados académicos y sólo en las últimas décadas se está logrando entender su verdadera dimensión estética.

En Bilbao hemos tenido la suerte de contar con Isabelle Faust en varias ocasiones. Todavía no era muy conocida entre nosotros cuando en el Musika-Música de 2005 nos dejó boquiabiertos con su interpretación del Concierto para violín de Beethoven con la orquesta Concerto Köln dirigida por David Stern. Desde entonces ha ido creciendo hasta convertirse en una de las grandes damas del violinismo actual. Sus grabaciones para Harmonia Mundi son verdaderas referencias y una de ellas (la del Concierto de Brahms con Daniel Harding) la realizó precisamente en la sala de la Filarmónica.

Pese a que la música Bach ha estado siempre presente en su vida, ha sido en tiempos recientes cuando ha decidido mostrar al público su visión de las sonatas y las partitas. Son muy escasas las ocasiones en que el ciclo se interpreta completo y siempre hay elementos que se miran con lupa. El llamado movimiento historicista, que trata de recrear las obras del pasado en coherencia con la época en que fueron compuestas, ha revolucionado la perspectiva que se tenía de esta música. Todo intérprete debe tomar una serie de decisiones que se refieren tanto a la elección del propio violín como a las articulaciones, las ornamentaciones o las dinámicas.

Faust ha escogido una vía intermedia (arco barroco, cuerdas metálicas, parco vibrato) para alcanzar niveles insuperables de pureza estilística. Sonaba en su violín un Bach aristado, con raptos de violencia, y a la vez sumamente poético. Claras las fugas, vivas y variadas las danzas, impresionante en su virtuosismo la chacona de la Segunda partita. El estilo es fundamental, por supuesto, pero para nada lo único, y son interpretaciones como las de Faust en la Filarmónica las que demuestran la gran profundidad expresiva que subyace en estas partituras auténticamente seminales.

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