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BOS: críticas al programa del 3/4 de octubre de 2013

En Críticas Por

 

Neuhold al frente de la BOS en el primer programa de temporada
Neuhold al frente de la BOS en el primer programa de temporada

 

DEIA: “Wälse! Wälse!”

Asier Vallejo Ugarte

 

Palacio Euskalduna. 1-X-2013. Lang Lang, piano. Obras de Mozart y Chopin. 4-X-2013. Temporada de la BOS. Anja Kampe, soprano. Stuart Skelton, tenor. Sinfónica de Bilbao. Director: Günter Neuhold. Obras de Wagner.

Lang Lang demostró el martes ser dueño absoluto de sus recursos, que son muchos. Demostró que podría ser un gran pianista mozartiano si se lo propusiese, y también que Chopin no escribió una sola dificultad técnica que se le resista. Toca muy bien, con sentido del canto y pleno control del sonido, pero es consciente de que si llena los auditorios y levanta tantas pasiones es porque tiene imagen y da espectáculo. De ahí que perdiera el norte en las codas de las baladas op. 23 y op. 52 del polaco y se echase a correr con su aureola de gran virtuoso refulgiendo a toda luz. No hacía falta, y seguramente él mismo sea el primero en saberlo.

Días después, el concierto que abrió la temporada de la BOS dio clara muestra del hambre de Wagner que hay en esta nuestra ciudad, que lleva todo 2013 oyendo hablar de su bicentenario sin oír prácticamente ni una sola nota de su música. Debe de ser un placer para la propia orquesta abrir una temporada con esa página lumínica, áurea, mágica, que es el preludio de Lohengrin; ¿por qué, entonces, arruinar de esa forma sus primeros compases? Fue sólo un espejismo, pues en todo momento Neuhold llevó bien el mando de la potente maquinaria orquestal wagneriana y no levantó la mirada de las conquistas alcanzadas por el compositor alemán en el campo de la armonía, especialmente en Tristán e Isolda: la inestabilidad tonal como recurso expresivo y puerta abierta al futuro.

Las voces de Anja Kampe y Stuart Skelton iluminaron la sala. Ella fue una Elsa de amplio lirismo y una Sieglinde descomunal en intensidad y estatura dramática. En el Liebestod de Isolda se vio excesivamente arrastrada por la marea orquestal. Skelton, con su voz joven, ancha y de tintes heroicos, puede ser eso que los alemanes llaman Jungendlischer Heldentenor, ideal para Lohengrin, para esa declamación cantada y esas fluidas medias voces que pide Wagner en In fernem Land, e ideal también para Siegmund, el welsungo de La Walkyria. Y aunque ningún gran papel puede reducirse a un par de notas, ni siquiera a un par de frases, esos dos Wälse! que lanzó en su largo monólogo dijeron mucho de su valentía y de su generosidad. Una gran noche, desde luego que sí.

 

MUNDO CLÁSICO: Un Wagner convincente en Bilbao

Joseba Lopezortega

 

Bilbao, 03/09/2013. Euskalduna Jauregia. Anja Kampe, soprano. Stuart Skelton, tenor. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Günter Neuhold, director.
Richard Wagner:  Lohengrin: Preludio al Acto I;  “Das süsse Lied verhallt” (dúo del Acto III); Preludio al Acto III; “In fernem Land” (Acto III). Tristan und Isolde: Preludio y muerte de Isolda. Götterdämmerung: Morgendämmerung und Rheinfahrt. Die Walküre: “Ein Schwert verhiess mir der Vater” (Acto I).

Primer programa de la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Ocupación: 80 %.
Un programa Wagner exquisitamente elaborado abría una temporada que es la última del director austríaco Günter Neuhold como titular de la Sinfónica de Bilbao, BOS por su acrónimo en euskera. A la espera de comprobar la evolución que la orquesta pueda protagonizar en estos meses previos a la despedida de su director, el concierto de apertura estableció con claridad que la BOS es una orquesta con capacidad para mostrarse elástica, cohesionada y potente cuando se siente involucrada con el programa, y sólo en esas ocasiones rinde realmente a su mas alto nivel. Wagner tuvo, de la mano de un conocedor profundo como Günter Neuhold, la capacidad de tensionar a la orquesta, de exigirla, de involucrarla, cosa que no siempre sucede sobre el escenario de la enorme sala auditorio que es sede de esta sinfónica. El público, que en Bilbao parece tener a gala administrar sus aplausos como si se tratara de los ahorros para la vejez, sabe contagiarse en esas ocasiones y se deja llevar, e incluso vitorea: aporta de esa manera su esencial contribución para que el concierto se convierta en una velada redonda y notable para la afición. Pues bien: Wagner convenció y el público estuvo cálido y generoso.

Que ese iba a ser el derrotero de la tarde para la BOS quedó claro desde los primeros compases de la obertura del primero de Lohengrin. La orquesta ha experimentado una imprescindible renovación y las cuerdas sonaron probablemente mejor que en cualquier programa de las dos temporadas precedentes, siendo la mejora absolutamente resaltable en los cellos, que venían naufragando lastimosamente y transmitían cierta inseguridad al conjunto de los profesores -quienes asistieran a la Cuarta de Mahler que dirigiera Michael Sanderling en la 2012/2013 pueden corroborarlo-. La BOS es ahora, si mantiene el tono de su primera prestación de la temporada, una orquesta mejor y más equilibrada y fiable que hace unos meses, y hay que felicitarla y retarla a seguir en esta curva de franca mejora.

Günter Neuhold es un director notablemente experimentado en este repertorio. Ni por instante olvidó que Wagner fue un dinámico hombre de teatro que componía para el teatro, y procuró unas lecturas fuertemente musicales, desprovistas de ese cierto anhelo metafísico y trascendental que con frecuencia caracteriza sus interpretaciones en las salas de concierto. Fue el suyo un Wagner efectivo, terrenal y rigurosamente moderno y vigente, con un preludio al acto tercero del mismo título arrebatado, frenético y algo seco, y por ello convincente y coherente con el conjunto del concierto.

Entre ambos preludios cantaron su dúo del acto tercero Elsa y Lohengrin, fiados a Anja Kampe y Stuart Skelton. Como valoración global, no es probable que se haya escuchado cantar Wagner con ese nivel antes en Bilbao; no al menos en muchos, muchos años. Skelton parece adaptarse mejor a Siegmund que a Lohengrin, pero incluso en este demostró oficio y luces, algo nada desdeñable tratándose de cantar Wagner. Fue de menos a mas, y ya cantó “In fernem Land” de forma notable, pero resultó mas convincente en el dúo de Die Walküre que cerró el concierto. Con Anja Kampe sucedió lo contrario, y estuvo mas afortunada como Elsa que como Sieglinde, para la que probablemente aportó cierto exceso de potencia como incómodo contrapeso al imprescindible lirismo. Se podría decir que no estuvo delicada, pero con su derroche de potencia en los agudos logró meterse al público en el bolsillo y sin duda estuvo convincente. No se pueden poner grandes peros: fueron dos cantantes de lujo para Wagner en Bilbao.

En el debe algunos claros problemas en las trompas –sí, propios del directo- en el exigente Amanecer de Götterdämmerung , quizá la página menos brillante de la noche, pero la BOS promete dar una temporada de calidad si no se envuelve en esa niebla de apatía que a veces parece empequeñecerla. Neuhold ha abierto temporada en lo alto: si logra sostener a sus músicos en ese nivel de rendimiento habrá dejado en Bilbao una orquesta mejor y más madura que la que encontró cuando llegó de titular.

 

 Revista RITMO

Enrique Bert

Stuart Skelton, voz ancha, que busca la intención en un fraseo medido demostró, a pesar de algunos momentos blanquecinos en la zona de paso, notable solvencia como pocos habrán de ofrecer en el panorama vocal wagneriano actual. Sus Wëlse pecaron de circenses y el agudo final sobre Wälsungen Blutt estuvo demasiado preparado, pero se agradece la actitud entregada del tenor.

Anja Kampe mejoró mucho como Sieglinde lo realizado en la escena de la muerte de amor de Isolde, donde Neuhold la cubrió de un manto orquestal excesivo que impidió el triunfo de la poesía de esta obra. Subrayo la importancia de las voces porque la intervención de la Orquesta, bajo la batuta (por último año) de su titular Günther Neuhold evidenció carencias reseñables tanto en el preludio al acto I de Lohengrin, desaliñado en exceso, como por falta de contundencia en el final del acto I de Die Walküre. Además queda mencionada la ausencia de equilibrio entre orquesta y solista en el fragmento de Tristán e Isolda.

La reacción del público fue de entrega absoluta a las voces. La imposibilidad de poder hacer habitual la obra teatral de Wagner en Bilbao hace que este tipo de conciertos sean de agradecer.

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