Éxito de Robert Trevino y la Euskadiko Orkestra en Bilbao

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La OSE en el atrio de Azkuna Zentroa. Foto: Euskadiko Orkestra
La OSE en el atrio de Azkuna Zentroa. Foto: Euskadiko Orkestra

 

Joseba Lopezortega /

 

Visitaba la Sinfónica de Euskadi el atrio de Azkuna Zentroa como parte y prólogo de “BBK Museo Hiria / Ciudad Museo”, una actividad cultural que se desarrollará la próxima semana en algunos espacios públicos y palacios de Bilbao. Hay que felicitar a la OSE por su sagacidad al entender el concierto como una excelente oportunidad de mostrar al público bilbaíno, variopinto y numeroso, lo mejor de sí misma, de la mano de un maestro que hizo una exhibición de técnica y poder. Excelente Robert Trevino, quien ya en abril y dentro de la temporada de la orquesta había deslumbrado con una gran Séptima de Bruckner.

En esta ocasión el programa era adecuadamente distinto: “Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy, “Cuadros de una exposición” de Musorgski/Ravel y tres propinas (Guridi, Dvorak y Falla) planificadas para que parte del público pudiera, de forma azarosa, sentarse entre los y las profesores de la orquesta para vivir su trabajo y su sonido desde dentro.

Más allá de la visibilidad y del éxito social de tocar para el público en uno de los corazones culturales y ciudadanos del nuevo Bilbao -mucho público en el atrio- el concierto fue muy bueno musicalmente. Trevino sabe ofrecer un sonido preciso y contundente, con volúmenes, y lo lució con Debussy y desde luego con los “Cuadros”, pero también en las propinas. Si bien unidas por su común inspiración nacionalista, las propinas de los compositores citados eran una ocasión para mostrar en poco tiempo la capacidad de adaptación de la OSE y del maestro a mundos sonoros muy dispares. Pese a los notables condicionantes acústicos del espacio, la Danza final de “El sombrero de tres picos” fue simplemente brillante.

Feliz idea contar con Trevino: lo que con una visión de bolo hubiera podido resultar un trámite pesaroso para los músicos de la orquesta, fue una ocasión para disfrutar con un muy buen director y propició un nuevo encuentro entre éste y los profesionales de la OSE. El producto de esta visión es también elocuente respecto al respeto y consideración que debe merecer el público para una orquesta: encontrarse con él para darle lo mejor, siempre. Ese y no otro debe ser el objetivo de una empresa cultural sostenida tenazmente por la propia ciudadanía.

Enhorabuena a la Euskadiko Orkestra.

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