ABAO: un hito en el proyecto Tutto Verdi

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Dolora Zajick. Foto: © David Sauer
Dolora Zajick. Foto: © David Sauer

Mundoclasico: “ABAO: un hito en el proyecto Tutto Verdi”

Joseba Lopezortega /

 

Bilbao, sábado 16 de abril de 2016. Euskalduna Jauregia. Angela Meade, soprano. Dolora Zajick, mezzosoprano. Gregory Kunde, tenor. Ildebrando D’Arcangelo, bajo. Coro de Ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica Verum. Director: Francesco Ivan Ciampa. Giuseppe Verdi: Misa de Requiem. Aforo: 2164. Ocupación: 100%.

“Tutto Verdi” representa un empeño épico, en el que ABAO-OLBE lleva inmersa desde hace años y que está próximo a culminarse. Los empeños épicos producen gloria, pero también desgaste, y quizá cuando todo termine –faltan tantos títulos como dedos tiene una mano– la sensación sea liberadora. En todo caso, no hubiera podido encontrar ABAO mejor excusa para abandonar “Tutto Verdi” que el contexto de una enconada sequía económica que se cierne como una sombra indeseable sobre la cultura desde hace ya algunas temporadas. Pero ahí está la Asociación: perseverando en el proyecto, obligándose a ofrecer títulos que casi nadie canta y casi nadie escucha, y creo que cercana a experimentar lo que dijo Wellington: “Nada, salvo una derrota, es tan melancólico como una victoria”. Pues bien: el buen Requiem del “Tutto Verdi” de ABAO representó un paso más hacia la victoria que supone concluir este colosal proyecto.

ABAO posee una gran capacidad para convertir sus citas en acontecimientos. Para empezar, el Euskalduna estaba lleno a rebosar pese al precio de las localidades, y la presencia institucional la encabezaba el lehendakari Iñigo Urkullu. Un ambiente de gala, de los que contribuyen a la cocción de un éxito como una parte más y sustancial del hecho musical. El éxito se produjo, sustentado en un público apasionado, un maestro capaz, un cuarteto entre lo bueno y lo muy bueno, un coro por demás poderoso y una orquesta a la vez suficiente y admirable: la Sinfónica Verum, ya conocida en Bilbao.

Empezando por la última de las partes mencionadas, la Sinfónica Verum impresiona por la dimensión y singularidad de su proyecto cultural, por la calidad de sus músicos y por su arrojo. Su juventud quizá merezca citarse, pero sólo en un paréntesis: es pasajera, ay, y no es lo que la convierte en una buena orquesta, capaz desde luego de ofrecer el lecho necesario sobre el que erigir el Requiem de Verdi de la mano de un buen maestro. Dicho esto, he leído de la pluma de un referente de la crítica, de quien admiro ante todo su capacidad para encontrar tiempo para reflexionar lo que escribe entre tanto viaje, tanta música y tanta crónica, que en nada desmerecía a las orquestas que habitualmente ocupan el foso de ABAO. Pues no, tampoco es eso. Las orquestas habituales de ABAO son las sinfónicas de Bilbao y de Euskadi, formaciones profesionales sólidas, aquella casi centenaria, y con cierta experiencia tocando en foso. Esto no es un desdoro para la Sinfónica Verum, al contrario: simplemente, su buena calidad no merece en absoluto que otras orquestas se minusvaloren con innecesaria arrogancia.

El Coro de Ópera de Bilbao, que salvo error incorporaba a sus filas un considerable número de refuerzos, cantó bien, aunque militando apasionadamente del lado del forte. Despertaba dudas su desempeño en concierto, si bien en una obra de genética y evocaciones inconfundiblemente operísticas, y el resultado fue muy bueno considerando esas dudas y sólo bueno si se tienen en mente otras versiones más sutiles y amantes de los matices. Lo mismo vale para el maestro Francesco Ivan Ciampa, que ofreció un Requiem muy bueno, aunque desigual, y que supo transmitir al público la acusada tendencia de Verdi a entender la muerte desde la sólida monumentalidad de la memoria, y no desde su irremediable pérdida. Y como buena parte del oficio de un buen maestro es lograr que el público que ha empeñado parte de su tiempo de ocio en sentir y disfrutar logre hacerlo, sólo cabe hablar de éxito de Ciampa, siempre enérgico y al mando, no siempre igual de bien desempeñado.

Los integrantes del cuarteto solista cantaron muy bien. Es verdad que Ildebrando D’Arcangelo no es el bajo que se espera para escuchar el Requiem, ni quizá en general para cantar Verdi, pero supo estar a la altura y no permitió que la versión se resintiera seriamente de su lado. De Gregory Kunde se podría decir que salió más a rezar el Requiem que a cantarlo, cosa muy loable. Hizo maravillosamente su Ingemisco, y ofreció un Hostias bellísimo, irreprochable y muy humilde. Kunde parecía diluirse para contribuir a la misa sin arañar un ápice de protagonismo, más en instrumento que en tenor, y se diría que un tanto emocionado y convulso. Llegaba al alma.

La tersura se diría juvenil de la voz de Dolora Zajick resulta asombrosa. También ella parecía solemnemente integrada en el fluir del Requiem, escuchándolo a la vez que cantándolo, y proporcionó algunos de los momentos más emocionantes y de mayor calidad de la noche. Una súper clase. Por su parte, Angela Meade se desenvolvió con gran firmeza, exhibiendo una voz muy amplia en todos los sentidos, y muy equilibrada, una voz realmente bella que encontró en Zajick la complicidad y la réplica ideales en un memorable Recordare, quizá el momento cumbre de una noche, una más, en la que ABAO demostró orgullosamente que sabe hacer bien las cosas y que es posible llenar un gran auditorio, ofrecer muy buena música e incluso lograr que el habitualmente desapasionado público bilbaíno aplauda sin prisas y con ganas. Un hito en el “Tutto Verdi”, probablemente.

 

Foto en portada: Angela Meade, ©Faye Fox

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