Un gran clásico de Broadway

Donostia, miércoles, 20 de agosto de 2025. Auditorio Kursaal. Bernstein: West Side Story. Miren Urbieta-Vega, María. Caspar Singh, Tony. Henry Neill, Riff. Nerea Berraondo, Anita. Jorge Ruvalcaba, Bernardo. Arantza Ezenarro, A girl. Lucía Gómez, Consuelo. Juan Laborería, Action. Lorea López, Francisca. Ainhoa López de Munain, Rosalia. Luken Munguira, A-Rab. Julen García, Diesel. Darío Maya, Big Deal. Ibai Murillo, Baby John. Easo Abesbatza (Gorka Miranda, director de coro). Euskadiko Orkestra. Clark Rundell director. Ocupación: lleno. 86ª Quincena Musical.
JOSEBA LOPEZORTEGA
Quincena Musical de Donostia apostó por West Side Story en versión concierto. No era una decisión fácil: quitar la coreografía a una obra que Jerome Robbins concibió como un todo integral es una forma de mutilación de la obra; pero, por la calidad musical de la partitura de Bernstein, la propuesta funcionó: llenó el Kursaal, gustó mucho y estuvo a muy buen nivel.
Desde que el musical se estrenó en Broadway en 1957, West Side Story ha sido muchas cosas: un fenómeno de masas como película en 1961, un musical muy repuesto en muchos escenarios e idiomas, un anhelo operístico en manos de un puñado de directores -entre ellos Bernstein- y ahora, en el Kursaal, una demostración de que su música puede brillar por sí sola. Es un hecho. Ahora bien: ¿en qué enriquece West Side Story el empeño en compararlo con una ópera? No lo es, en absoluto. Hay que reivindicarla como un musical puro, paradigma del género y al mismo tiempo extraordinario para el género, con una música de una calidad inusitada, que resiste bien sin coreografía, sin escena, sin cine, pero basta con escuchar el gran número Cool para entender su naturaleza teatral pura. Francamente no entiendo el interés de buena parte de la prensa local en situarla cerca de la ópera.
Clark Rundell dirigió a una estupenda Euskadiko Orkestra con energía y conocimiento profundo de la partitura. Se notaba que entiende la música estadounidense: cada guiño al jazz, cada ritmo sonaba en su sitio. También era un buen comunicador. El problema llegó cuando las voces tuvieron que competir con esa masa orquestal. Bernstein escribió pensando en cantantes de musical con una pequeña orquesta en el foso, no en líricos que tuvieran que imponerse a una orquesta sinfónica completa.
Miren Urbieta-Vega construyó una María sólida, con una voz potente y expresiva, aunque su caudal restaba una mayor delicadeza en los momentos líricos. Fue una María de mucha calidad, pero con una voz algo madura para el papel. Su compañero Caspar Singh mostró un timbre precioso, pero quedó sepultado por la orquesta más de una vez.
Arantza Ezenarro hizo un gran Somewhere. Sus pocos minutos bastaron para demostrar por qué esta canción sigue impactando casi setenta años después y por qué el propio Bernstein, en su grabación de 1984, la solemnizó trabajando con Marilyn Horne. Brava Ezenarro. Nerea Berraondo enfrentó el difícil rol de Anita: gran fuerza dramática, graves forzados, de acuerdo. He escuchado bastantes Anitas, algunas en directo, y cada una ha sido distinta y cada una ha tenido las mismas dificultades incluso teniendo el amparo de la escena o de la cámara y el montaje. Creo muy difícil hacer este papel en directo y en concierto, quizá el más difícil del elenco, y me quito el sombrero ante la Anita algo ruda, temperamental y profundamente descreída que propuso Berraondo. Una Anita hecha y derecha. Ariana DeBose fue Oscar por este papel en 2022, creo que ese dato dice cosas acerca de la complejidad del personaje.
Entre los secundarios destacó la frescura de Ainhoa López de Munáin, que le dio vida propia a America junto a sus compañeras. El Coro Easo cumplió con su calidad y eficacia habitual. Me confieso admirador de este coro, que aportó cuanto pudo de escena sin haber escena, porque ese algo se hacía imprescindible para que algunas cosas –de hecho, bastantes- se entendieran. Todo el mundo, también el resto del elenco, estuvo a la altura. Me gustó mucho Henry Neill como Riff. Supo ser muy musical, se pegó al papel como un guante.
West Side Story no sobrevive sin teatro solo por sus melodías pegadizas. La partitura de Bernstein tiene suficiente músculo para sostenerse en el formato concierto. Su alta tensión sigue funcionando y el público del Kursaal lo entendió y sintió perfectamente. Los aplausos no fueron solo por reconocer Maria o Tonight, sino por una obra que setenta años después sigue siendo actual y por ello necesaria. West Side Story pertenece a Broadway, pero es un placer en concierto, como suite e incluso si se silba.