Pablo Cepeda /

El Ciclo de Órgano de Quincena Musical ha culminado su 35ª edición haciendo gala de sus tres elementos principales: instrumentos referenciales en el mundo del órgano, artistas de primera línea y un público fiel y numeroso a lo largo de los 13 conciertos celebrados en la primera mitad del pasado mes de agosto. En esta crónica nos centraremos en tres de estos conciertos.

Si bien Francia es la patria de los órganos Cavaillé-Coll, considerados los Rolls-Royce del órgano romántico, no es menos cierto que Gipuzkoa ha sido un territorio bendecido en una doble vertiente. Por un lado, de los 24 órganos que Cavaillé-Coll construyó en el País Vasco y Navarra, la mitad se encuentran en Gipuzkoa. Por otro lado, la mayor parte de dichos órganos se encuentran en estado original, lo cual permite escuchar la música compuesta para ellos en unas condiciones que garantizan una fidelidad tímbrica tan apreciada como necesaria en un instrumento con una paleta sonora como es el órgano.

En paralelo con el ciclo de órgano se desarrolla un Curso Internacional de Órgano Romántico que acerca a Donosti a estudiantes de Europa, Asia y América atraídos por la posibilidad de trabajar el repertorio romántico y sinfónico de la mano de grandes especialistas en instrumentos tan emblemáticos como el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro (1863).

Michel Bouvard, profesor de órgano en el Conservatorio Superior de París y organista titular del Cavaillé-Coll de Saint-Sernin (Toulouse), ha sido el encargado de impartir el curso a estudiantes venidos de Alemania, Austria, España, Corea y Japón. A continuación, desgranamos algunas impresiones de los conciertos protagonizados por Michel Bouvard, Ana Belén García y Juan de la Rubia.

Programa “a medida”. Michel Bouvard (San Vicente, 6-VIII-2018)

El concierto del profesor invitado siempre es una de las citas del ciclo en las que el organista revalida su maestría ante la audiencia y el concierto cumplió sobradamente con las previsiones.

En palabras de la organización, Michel Bouvard preparó un programa teniendo en cuenta la personalidad del órgano de San Vicente y a medida del mismo. El órgano Cavaillé-Coll de San Vicente ha vivido muchos años a la sombra de su hermano mayor de la Basílica de Santa María del Coro. La fama de este último es merecida con toda justicia pues tiene un sonido amplio, profundo y tan bello en los pequeños detalles como rico en el órgano pleno. Por su parte el instrumento de San Vicente aporta un sonido más directo, muy adecuado para el repertorio sinfónico organístico y con unos timbres (y sus equilibrios) si no tan originales como los de Santa María, más normativos y esperables tanto para el organista como para el público.

Así las cosas y con una iglesia completamente llena, Bouvard interpretó obras de Franck, Vierne y J. Bouvard (abuelo del concertista).

La Pastorale de Cesar Franck dio pistas de por dónde iba a transcurrir el concierto: interpretación animada, con una energía que podríamos calificar de optimista haciendo uso intensivo del pedal de expresión mientras las melodías se sucedían con un legato impecable.

La iglesia de San Vicente poco antes de inicio del concierto de Michel Bouvard. Foto: Pablo Cepeda.

La 2ª sinfonía de Vierne deparó algunos de los mejores momentos de la velada. Los cinco movimientos respondieron fielmente a sus títulos, particularmente el Scherzo. En él, con el brillo del octavín 2′ como elemento característico, los recursos expresivos casi hicieron olvidar que estábamos ante el despliegue de una técnica propia de un estudio.

Concluyó Bouvard su recital con una inteligente adaptación sonora al órgano romántico de las variaciones escritas por su abuelo. La partitura original prescribe unos registros muy determinados en cada variación siguiendo las combinaciones clásicas del órgano barroco francés que Bouvard trasladó con éxito al instrumento “koxkero”. Así, por ejemplo, el clarinete tomó el lugar del cromorno y el brillo de los principales se transmutó en el de la lengüetería en el Plein jeu final.

En clave mariana. Ana Belén García (Iglesia del Iesu, 7-VIII-2018)

Tras 7 años de paréntesis el órgano del Iesu volvía al ciclo de Quincena y con el aliciente y el tirón de una figura local como es Ana Belén García, una de las tres organistas titulares de Santa María del Coro.

La figura religiosa de la Virgen María ha inspirado probablemente algunas de las más bellas melodías de la cultura  cristiana católica. Un recorrido por la música antigua y moderna de inspiración mariana era la apuesta musical que presentaba en la iglesia del Iesu Ana Belén García. El concierto partía con unos mimbres muy buenos por lo escuchado en un concierto previo en Bilbao en el que se interpretó parte del repertorio. El público puso su granito de arena llenando la iglesia del Iesu y haciendo que la reverberación de la misma (que vacía llega a los 12 segundos) bajara hasta hacerla casi musical.

La presencia de la Capilla gregorianista del Coro Easo cantando las diversas antífonas aportó unas pausas muy adecuadas en la atmósfera del concierto y en el entorno minimalista del templo diseñado por Rafael Moneo, recordando unas melodías que por otra parte el sector más joven del público quizás no conociera en toda su extensión.

La música antigua del concierto, Salve Regina de Schlick y Te Deum Laudamus de Buxtehude, sonó convincente y virtuosa en dedos de Ana Belén García. El órgano Klais (2011) de inspiración eclécticamente barroca parecía que ponía todo de su parte hasta que comenzaron a aparecer notas sorprendentemente desafinadas. Digo sorprendentemente porque si bien es normal que un órgano un día cualquiera tenga algunas notas desafinadas hay que reconocer que en Quincena todos los órganos suenan tras una esmerada afinación, no fue éste el caso en este concierto. Las razones se me escapan pero considerando por un lado el estado del instrumento y por otro la actuación de un responsable parroquial que ordenó que no se montara una cámara de las tres previstas, quizás pase un tiempo hasta que el ciclo de órgano de Quincena vuelva al Iesu.

La obra de estreno Josep Soler Coral 22. Tiento partido de mano derecha fue escuchada con interés en una atmósfera delicada, pareja a la expresada por la obra.

Ana Belén García y miembros de la Capilla gregorianista del Coro Easo a la conclusión del concierto en la Iglesia del Iesu. Foto: Pablo Cepeda.

Caso aparte fue la selección de los corales de Radulescu en los que la agresividad de los timbres que el compositor prescribe no terminaron de calar en un público que, salvo rarísimas excepciones, no conocía los corales luteranos en que se basan. En este sentido nada que reprochar a la organista que puso todo de su parte para que las piezas llegaran en las mejores condiciones.

Afortunadamente el final del concierto transitó por una senda más exitosa. Si bien volvieron a aparecer serios problemas de afinación en la lengüetería, la convergencia del Regina Coeli y del Salve Regina de Schroeder con la interpretación elocuente y musical de García hizo el resto y el público respondió con prolongados aplausos.

El arte de la transcripción. Juan de la Rubia (Catedral del Buen Pastor, 8-VIII-2018).

El concierto del miércoles es tradicionalmente la gran cita del ciclo. En él se estrena la obra encargo de Quincena en el monumental órgano del Buen Pastor (el de mayor tamaño en funcionamiento en España) y el público acude hasta llenar el enorme templo donostiarra. Este año no fue una excepción y un numeroso gentío acudió ante el reclamo de la presencia de Juan de la Rubia por el buen recuerdo dejado en sus dos visitas anteriores al ciclo.

La inclusión en el programa de una obra tan cercana al gran público como son las Diez Melodías Vascas sin duda era un poderoso aliciente. Mucho más en un órgano del tamaño y posibilidades del órgano O.E.S.A. que domina el Buen Pastor desde 1954 y que cuenta con un combinador capaz de memorizar y activar cada una de las combinaciones sonoras que el organista ha elegido para cada instante de la obra. En esta tarea hay que destacar la labor de Loreto Aramendi como asistente y en algún momento del Guridi como “terza mano”.

Interior de la Catedral del Buen Pastor (órgano O.E.S.A., 1951) momentos antes del concierto de Juan de la Rubia. 8-VIII-2018.

Transcribir una obra para órgano puede ir desde un rudimentario ejercicio de adjudicación lineal de voces a los 3 pentagramas habituales (mano derecha, izquierda y pedalero) hasta la creación de una obra en la que el lenguaje organístico encuentre su cauce de manera natural para el oyente. En este último caso la técnica adquiere el estatus de arte y eso fue precisamente lo que De la Rubia dejó en una velada memorable. Sin renunciar al espíritu del original orquestal de Guridi, la elección de los registros solistas en las piezas lentas fue reveladora de un profundo conocimiento del instrumento catedralicio. Igualmente la transición y yuxtaposición de las texturas en los movimientos más animados de la escritura fue absolutamente natural.

Guridi fue organista toda su vida (desde las bilbaínas parroquias de Santos Juanes y Santiago en Bilbao hasta San Manuel y San Benito en Madrid) y dejó paginas memorables para este instrumento; entre ellas, el Tríptico del Buen Pastor, obra ganadora del concurso con motivo de la construcción del órgano del Buen Pastor y que hoy en día se interpreta con cierta frecuencia en Europa y Estados Unidos. La transcripción presentada por Juan de la Rubia bien podía haber sido una suite original para órgano que llevara la firma de Guridi.

Concierto de Juan de la Rubia en la Catedral del Buen Pastor (8-VIII-2018). Foto: Pablo Cepeda.

La segunda parte del programa abordó la 1ª Sinfonía de Brahms. Si bien el reto cambiaba de coordenadas, el castellonense siguió aplicando los mismos principios musicales: técnica al servicio de la partitura, fraseo y agógica a medida del espíritu de cada sección y una contención en la suma de registros. El órgano del Buen Pastor es de factura neoclásica y fuera de su repertorio natural (Messiaen, Alain, Duruflé, …) requiere de cierta prudencia en la elección de registros buscando el mínimo común múltiplo musical. Esa fue la intención percibida y si bien un órgano como el del Buen Pastor no puede imitar tan fielmente el sonido de las cuerdas como otro tipo de órganos más románticos, el esfuerzo mereció la pena. La construcción del cuarto movimiento fue ejemplar en cuanto al balance entre los colores orquestales originales y la coherencia organística buscada. De la Rubia reservó gran parte del potencial sonoro hasta el final de la sinfonía e incluso en este caso lo hizo en la medida justa de tiempo e intensidad.

La sensación general al concluir el concierto fue la de encontrarse ante un artista completo de los que marcan las diferencias y así se manifestó el público con sus aplausos hacia Juan de la Rubia.

Juan de la Rubia saludando al final de su concierto en el órgano de la Catedral de Buen Pastor de Donostia-San Sebastián. Foto: Pablo Cepeda.

Perspectivas de futuro.

A tenor de lo visto en esta edición, el ciclo de órgano goza de una excelente salud en términos de asistencia y nivel artístico. Sin espacio en estas líneas merece la pena destacar también los dos conciertos ofrecidos por el coreano Joonho Park (en Azkoitia y San Ignacio de Gros) con dos programas prácticamente diferentes. Park fue no hace mucho alumno del ciclo y a día de hoy es un excelente representante de las hornadas de organistas que, nacidos en Asia, han completado su formación en Europa y EE.UU. y empiezan a ser habituales en los grandes festivales de órgano. El viernes 10 de Agosto la Basílica del Coro se llenó para escuchar a los alumnos del anteriormente citado Curso de Órgano Romántico y sin duda algunos de los intérpretes volverán a Donosti como concertistas de pleno derecho.

Patrick Alfaya, director de la Quincena, haciendo balance de la presente edición, valoraba el ciclo de órgano pero expresaba su deseo de incluir nuevas tecnologías. ¿Es posible quizás que en no mucho comencemos a presenciar conciertos que mezclen la música de órgano con el video mapping? Personalmente creo que un paso previo pudiera ser la incorporación de conciertos de órgano improvisado acompañando películas mudas. Experiencias así ha habido en Bizkaia (Abadiño, Balmaseda y Durango) y Gipuzkoa (la más reciente “Metrópolis” de Fritz Lang  a cargo de Juan de la Rubia en Deba dentro del festival Flysch) con una gran acogida de público.

Si me permiten otro apunte, otra asignatura pendiente en Quincena es la integración del órgano en la Orquesta ¿Cuándo podemos escuchar el Concierto para órgano de Poulenc, una Misa Glagolítica de Janáček o la 2ª Sinfonía  de Mendelssohn con órgano “de verdad”? Hay un enorme repertorio sinfónico con órgano y la Quincena Musical puede ser el escenario oportuno para abordar obras de envergadura en las que el público disfrute de éstas tal y como fueron concebidas sin sucedáneos de compromiso.

De momento para el año que viene ya sabemos algún que otro dato. Esteban Elizondo, alma mater del ciclo de órgano ya ha anunciado la presencia de Daniel Roth, organista titular de Saint-Sulpice en París y una auténtica leyenda, como profesor invitado. Muy probablemente el órgano Cavaillé-Coll de Santa María no se encuentre disponible para el ciclo debido a los trabajos de restauración del mismo que están anunciados para finales de este año. La restauración de esta joya sonora, especialmente valorada en la interpretación de Cesar Franck, durará 2 años durante los cuales, probablemente, otros Cavaillé-Coll como los de San Vicente (Donostia) y Santa María la Real (Azkoitia) cobrarán protagonismo.