Enrique Muknik. Foto: Facebook.

 

Joseba Lopezortega /

 

Enrique Muknik fue músico profesional de viola en distintas orquestas durante 27 años, de ellos más de 20 en la Sinfónica de Bilbao, desde la que en 2007 decidió dedicarse por completo a su trabajo en la organización de giras y conciertos.

Su forma y capacidad de trabajar le fue proporcionando una reputación sólida, que le permitió incluir entre sus activos a orquestas como la Filarmónica de Hamburgo, Ensemble Intercontemporain, Camerata Salzburg o la Sinfónica de Montreal. Después incorporó la danza, llegando a representar a cerca de veinte compañías. También se interesó en la puesta en marcha de festivales de música, levantando un prestigioso evento musical en Bogotá y ofreciendo en Bilbao una temporada de Jazz con decenas de conciertos anuales.

Hasta aquí la reseña de su actividad, simple pero elocuente: pues lo que esas líneas nos dicen es que Enrique Muknik tenía fuerza e iniciativa para elevarse profesionalmente y progresar en un ámbito difícil, el resbaladizo ecosistema de la gestión musical, de acuerdo a su propia fortaleza,  a su ética del trabajo y a su visión. Era poseer una visión y exponerla lo que le convertía en alguien infrecuente, casi insólito, pues en el ámbito de la gestión musical hay también ciegos e incluso algunos sordos, y era un placer charlar con Muknik y ver cómo nuestras ópticas convergían en los mismos espacios luminosos, pero también en los mismos rincones oscuros. Muknik era, en ese sentido, un utópico con experiencia, esto es: un hombre calmo, que entendía la realidad y deseaba mejorarla. También un hombre de fuertes convicciones, probablemente un rival rocoso en la disensión.

Esa apuesta por objetivos mejores marcó también su etapa como sindicalista en el comité de empresa de la Sinfónica de Bilbao, una responsabilidad desde la que supo influir para la mejora de las condiciones profesionales de los profesores y profesoras de la BOS y de otras formaciones musicales. Todavía se le recuerda en la casa.

A lo largo del día he podido hablar con algunas personas que le conocieron y trataron más que yo, y otras me han hecho llegar su tristeza y su valoracion de Muknik, además de su tristeza y su rabia ante una muerte inesperada y prematura. Todos y todas han destacado su fidelidad a las personas y la calidad de su amistad: “muy buen amigo -dice María Madru, quien fuera concertino de la BOS-, de los que vale la pena tener a tu lado porque si lo tienes siempre te va a apoyar, a las duras y a las maduras”. Madru y Enrique Muknik formaron junto a Elisa Pascu el Trio Reger, formación con la que giraron y en la que compartieron horas de avión, ensayos y conciertos en distintos países y continentes.

Con Enrique Muknik bastaba una mirada, un gesto casi imperceptible o una sílaba para entenderse y compartir una valoración. Era de esas personas que en un suspiro o un rictus encierran todo un discurso. Descanse en paz. Para su esposa y su entorno, un saludo afectuoso.